Para nosotros, la escuela que
deseamos sería una que fuese una casa, es decir, una planta baja y no un
edificio. Estaría rodeada de una extensión muy amplia de zonas verdes y llanas,
jardines, huertos, césped, pequeña granja. Pedimos un espacio que sea, en la
mayor medida de lo posible, autosuficiente, ecológico, saludable para los niños
y que los pusiese en contacto con las materias primas, los medios de producción
y la naturaleza, siempre desde lo
sostenible para el medio ambiente. Se les inculcaría que hay otras formas
de convivir con el medio.
La teoría, la práctica y los grupos.
Apoyamos una educación que los
contenidos teóricos de las materias tendrían una aplicación práctica directa.
Talleres de madera, de pequeña construcción, de costura, les ayudaría a manejar
de forma práctica las materias, los introduciría en el equilibrio y la
proporción de las formas. Se dice que se aprende el 90 % de lo que se enseña,
así que se daría voz a los alumnos para que ellos también enseñen. Esto elimina
la idea de una enseñanza vertical, entendida como la supremacía del profesor y
la escucha pasiva del alumnado. El maestro es más bien un guía y los alumnos
podrán, entre otras cosas, trabajar por proyectos.
Sin embargo, hay que cubrir unas
bases teóricas, sobre todo en la lectoescritura. Eso no quiere decir que tenga
que ser más aburrido. Dependerá de la inventiva del maestro hacer atractivas la
inmersión de los contenidos más meramente teóricos o introductorios para actividades superiores.
La última cuestión de este
apartado es, ¿debemos dividir a los alumnos según edades? La respuesta es no.
A principio de curso, profesores se pondrán de acuerdo en los proyectos y
actividades, y según esos proyectos decidiríamos cómo mezclarlos. Esta organización
de primeras no es fácil. Se propondrá que los alumnos interactúen y conecten lo
más posible los unos con los otros, haciendo uso, por ejemplo, de las
tareonomías. Esta última herramienta nos parece fantástica, y muy práctica.
¿Cuáles serían las materias?
- Talleres prácticos. Útiles para
la vida.
- Dibujo, con introducción a las
matemáticas y uso de proporciones. También se introducirían juegos de lógica. Sería
pues, en cierto sentido, un comienzo de dibujo técnico y de sentido espacial, pero
a la vez y de forma separada, dibujo artístico. Se fomentaría la expresión
artística de las emociones o de lo que quieran.
- Simulación. incluye teatro y
problemas prácticos de la vida adulta. Queremos aclarar aquí que esta asignatura
propone presentar los problemas matemáticos que se presentan por escrito,
haciendo una representación real, palpable de los problemas. Creemos que los
alumnos no se impregnan de los problemas matemáticos más básicos porque no han
tenido la experiencia real.
- Lectura y escritura. Se pondría
en conexión con el taller de teatro, como una forma de fomentar la lectura y
la literatura.
- Planeta, medio ambiente. Esta
parte estaría en coherencia con la arquitectura y alrededores del colegio. Se
pondría en contacto con el medio ambiente explorando las zonas próximas,
conociendo las especies locales.
- Emociones. Nos enfocaremos en
la expresión de las emociones, la resolución de conflictos internos. Para ello,
nos valdremos de herramientas de trabajo como la musicoterapia, risoterapia,
entre otras. Las actividades de preparación de teatro también son una forma de
trabajar las emociones.
- Música. Enfocaremos esta área
en la experiencia de melodía, ritmo y armonía antes que en la lectura de
partituras. Improvisación, cantar canciones, formación de un coro, tocar
instrumentos, creación de grupos musicales, ya sean solamente percusivos, al
estilo rock, u otras combinaciones; serían parte de las actividades.
Posibilidad de hacer representaciones conjuntas que incluyesen baile, música,
teatro… cualquier tipo de performance.
- Sociedad. Una propuesta de
asignatura sería también una que tratase la ciudadanía, los derechos y
obligaciones del centro, como una forma de empezar a introducirlos en la
ciudadanía adulta. Se podrían escribir los estatutos y derechos del colegio o
ponerse en ese supuesto. Por otro lado que también afrontase los problemas de
clase. Opinamos que estas medidas aportarían un grado de madurez y
responsabilidad mayor en el alumnado, lo que podría plantear que se formasen
asambleas con los alumnos, como en las escuelas de Summerhill.
Los deberes.
¿Sirven para algo? Fomenta la
constancia, el trabajo, la recompensa tras el esfuerzo. Pero hay, en realidad, otras formas de fomentar y recompensar el esfuerzo. Por
ejemplo, en los talleres, sólo tras el esfuerzo aplicado conseguiremos un
resultado físico aceptable. Por lo tanto, apoyamos una escuela sin deberes.
Cuestiones organizativas internas del centro.
Con respecto a la organización
del tiempo, proponemos un horario en el que empiecen a las 8 con
un descanso de media hora a las 10 y media, y luego cortar las actividades a
las 1 de la tarde. A esa hora, sería el comedor. Después de la comida hay
varias opciones, la siesta, el juego libre o volver a casa. Los que se quedasen
para la siesta o el juego, volvería a casa a las 3.
Desde nuestro punto de vista, la
escuela sería pública y accesible a todo el mundo. Aun así aceptaríamos
donaciones y añadiríamos un servicio de crowdfunding, con el total compromiso
de que ese dinero, esas infraestructuras, o materiales aportados se quedarían
en los confines del colegio. El dinero puede usarse para la formación continua del
profesorado, que estaría fomentada. En caso de excedentes, el dinero se donaría
para solventar las necesidades de las cercanías del colegio, o se reservaría
para el año siguiente.
La selección del profesorado nos
ha llevado a un duro debate. Por una parte, en colegios públicos el centro no
elige a sus profesores, por otro, nos gustaría profesores comprometidos con el
proyecto. Lo ideal sería, desde luego, que todos los maestros que saliesen de
magisterio tuvieran una conciencia real, pero introducir el cambio real es difícil.
La clave este embrollo nos la ha dado nuestro profesor: no se puede obligar a
nadie a hacer nada, ni tampoco a comprometerse con nada. Visto esto, concluimos
pues que, si la directiva y las condiciones de trabajo son realmente óptimas, los
profesores se sentirán lo suficientemente a gusto como para que trabajen
felices y les guste el proyecto que se realiza en la escuela. Con suerte,
estarán implicados.
Pensamos en una escuela con conciencia
local. Se procurará que la adquisición de suministros y materiales se consiga
de las cercanías del pueblo, eliminando así los costes de transporte, y siempre
apoyando al pequeño comercio, a la vez con el compromiso de que éste sea
sostenible. Por otro lado, lo que produzca el colegio se quedará en la ciudad,
pueblo o cercanías, para enriquecerla.
Por último, queremos decir que
nos negamos a que nuestro deber se quede en la primaria. Hay una imperante
necesidad de conectar la primaria con la secundaria, donde es cuando realmente
se forjan y consolidan los valores, donde la influencia de los iguales, y de
ciertas personas significativas llegan a tu vida y te tocan y determinan tanto
la forma de ver la vida, los valores. Debe haber una transmisión, un trabajo en
conjunto entre primaria y secundaria. Sería posible incluir la secundaria en el
propio centro.
Como conclusión vemos que nuestras propuestas NO son irrealizables, no es una utopía. Ya se han hecho y puesto en marcha
escuelas como esta, actualmente otras están en funcionamiento. Lo único que nos
hace falta que tengamos la ilusión y el empuje suficiente para que este
proyecto se haga realidad.
Excelente trabajo, Bastante exhaustivo, serio, riguroso, razonado y razonable. Efectivamente, es posible, no es un espejismo.
ResponderEliminarEl compromiso del profesorado nunca está garantizado, pero un núcleo duro de varias personas ilusionadas tiene capacidad para comunicar esa ilusión, esas ganas, y extenderlas como una mancha de aceite.
Enhorabuena. Me gusta mucho.